Claudio Román (Quico García), Laberinto poético (4/4)


CARTA A LA POESÍA 

(…)
Estabas definitivamente sola
arrinconada en los caminos polvorientos
llenos de ojos y manos.
Te recogí cansada
y daría este mar de angustias que poseo
para vivir contigo
rosa pálida de otoño
para retenerte
voz quebrada por el acero
(…)


LOS CABALLOS DEL TIEMPO

a Jules Supervielle

Voy a morir,
siento caer a mi lado el silencio
siento que las espadas del tiempo en mi cuerpo penetran mi cuerpo
que el lago se hace más hondo
y escucho en tus calles de nácar tu agudo lamento
y recién me entero que soy hombre y muero
y no pude masticar tranquilo tu nevado cuerpo
y que me estoy yendo
y te dejo en la tierra 
con tus ojos abiertos
papando la angustia
sintiendo en tu pecho las bombas del tiempo
…………………………………………………..
Voy a morir
y no puedo detener el silencio.


POEMA EN REBELDÍA

No quiero
no quiero ese despertar arrodillado
ese amanecer en puñales
ese sentir la sangre arañada por el hambre
ese vagar                                                   
ese seguir aquí
sin aquí
sin solución
como pájaro que muere en mitad del camino
ese gritar
ese arrastrarse tomando a la muerte de la mano
ese continuar
destruyendo esperanzas
devorando edades
ese morir cotidianamente
ese verse tragado por los siglos
vencido por el miedo
atado por el destino.
No quiero
No quiero despertar de nuevo
De rodillas
No quiero
no quiero contener en mis manos tus lágrimas.
No quiero
No quiero ver puñales nuevamente.
No quiero
No quiero
No quiero


UN INVIERNO EN LA TIERRA

Fue de noche
determinó mi rostro
la agonía
saltó del pecho un cansancio herido
mi mano se descolgó
por tus caderas de luna
y fruta fresca
y el diente del deseo escarbó
los meses de madera
el invierno llegaba lentamente
a goterones
atravesó mi pieza
la esperanza.
una rauda esperanza de victoria
y fuiste mía
mía como la tierra
como el árbol y la fruta
como el papel viejo de mis viejos libros
como el reloj inexorable
mía
como este miedo que hostiliza mi sangre.


CARTA A MI PADRE

Estás ahí parado
con esa sonrisa tan tuya
y tan triste
con tus ojos de terciopelo negro
con esa frente de cielos arrugados
que yo heredé y que amo
con tu corazón de estrella
y de viento
Padre.
Qué destino de hierro
te trajo a estas inmensidades
de trigal y pampa.
(…)
Pero yo he crecido Padre
y tengo los labios cubiertos de moho
tengo salas oscuras
y cabellos rotos
tengo leopardos ensangrentados
tengo un pájaro muerto sobre mi pecho
tengo un temblor de tierra
y de palomas
y siento que en esta boca
encarnizadamente tuya
no brotará jamás
la espuma de la risa.
Padre.
Hoy veo tu rostro
de cuero
de amapolas de nácar
y veo que te cruza la tristeza
por tus días sin noches
por mis interminables penas.


Homenaje. Curaduría, selección de textos: Jmp, del libro grupo generacional LABERINTO POÉTICO. CALDERINI MARTINO PAZOS ROMÁN, Ediciones Tiempo y Poesía, La Plata, 12 de abril de 1965. Si bien sus cuatro integrantes no excluyeron de su laberinto interior la poesía, se acercaron con mayor esfuerzo de espíritu al teatro, a la pintura... Los memoriosos recuerdan las intervenciones callejeras para la presentación de este libro.

Seudónimo: Claudio Román (La Plata, 2 de febrero de 1942). Quico García (o Francisco Mario García Álvarez) nació en España el 2 de febrero de 1942. Falleció en La Plata. Dramaturgo, director y docente universitario. Egresado del Conservatorio Provincial de Música y Arte escénico. Licenciado en Realización Cinematográfica UNLP. Como cineasta: Severino Di Giovanni: Violencia y Utopia; Los Velázquez: de cómo pelearon, cómo murieron y cómo siguen vivos en la memoria del pueblo; El astillero. Como director y dramaturgo realizó entre otros: Woyzeck, (versión de G. Büchner); Vincent y los cuervos (versión sobre texto de Pacho O’Donnell); Maluco; Canon Perpetuo; Ritual mecánico y Estructura Inconsciente. Participó de festivales internacionales: III Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. La Habana; XII Festival Internacional de Teatro. Caracas. Venezuela; XII Festival Internacional de Teatro Alternativo. Madrid; Nuevas Tendencias Teatrales. Barcelona; IV  Festival Internacional Circuito de Teatros Alternativos, España. Por su labor en teatro y cine obtuvo numerosos premios nacionales e internacionales. 


Se respetaron los poemas tal cual están en la publicación. 


Foto de portada: Jmp. Archivo de la talita dorada. 

Luis Pazos, Laberinto poético (3/4)


EL OJO DEL MUNDO

A Jorge Luis Borges
Veo tigres de lava
Veo un laberinto de monstruos marinos
anida en sus párpados la Sibila de los Mares
una rosa de arena cuajada de signos incomprensibles
Veo la culpa devorándome por dentro
Veo un ángel ebrio
Veo la ira de los hombres
derribando la Ciudad de Dios
Veo un laberinto roto:
en mi infancia.
Veo un bosque de columnas decapitadas
Veo mi rostro cruzado de laberintos
Veo el amor y comprendo
que es más importante que la vida
Veo el degüello de Occidente
Veo mi amor a la muerte
y mi miedo a la vida
Veo mi vida en ruinas
Veo mi miedo al miedo
Te veo, padre
y no te reconozco
tanto te he deformado
Veo una sentencia de sal:
“No hay que tener miedo”


FONTAMORGANA

Sobre las calles
que trazó Vertumnus
-el plano de
la Ciudad Elíptica-
vagan los dorados cabellos
del joven Minotauro.
Y en el centro
-que no es
el justo medio-
agoniza Hermafrodita.
Debe morir para que
el gigante melancólico
recline la cabeza
sobre el altar de piedra
y  de a luz
un diseño extraño.
Cubiertos por una capa
de ostras plateadas,
brillantes,
los nuevos dioses
marchan hacia la humillación


EL CAZADOR METAFÍSICO

Dios es lo que no se refleja.
Es la presa más difícil
para el cazador metafísico
porque no se deja cazar
en la trampas del espejo.
Dios dejará de ser inescrutable
cuando el filósofo se convierta en mago
y construya un espejo que lo refleje.
Es necesaria una trampa perfecta
un laberinto de espejos
donde ponga la pata y quede
definitivamente atrapado.
Entonces el silencio se desplomará
sobre el mundo.
Dios es un animal que no aúlla.
El hombre dirá su
primera palabra completa:
Yo soy.


MOVILIDAD DE AHASVERSUS

El espejo se desliza lentamente
en silencio
como un sentimiento
una fijación.
Los espejeados creen que es mortal
y hablan distraídamente de matarlo.
Piensan que pueden detenerlo
con sus círculos
o  eludirlo con su relámpago.
No saben que el espejo es
invencible porque nunca
presenta combate.
Está en nosotros.
En la sombra de una línea
horriblemente recta.
No es el espejo el que pasa
sino los espejeados.
El abrazo del espejo nos abarca
inconmensurable.
Y nos reflejamos definitivamente
humillados.


ESTRUCTURA DEL MITO

Extraviarse en un pasaje rojo
siguiendo el rastro del grito
como una columna olvidada
en el fondo del mar.
Cabalgar sobre la risa de Saturno
y una tormenta enredada
en las líneas de la mano
comprendiendo que un arte vale
en la medida que se aleja de la vida.


Luis Pazos nació en La Plata el 5 de agosto de 1941. Artista conceptual, poeta, periodista. Miembro fundador del grupo Escombros. Sus obras estuvieron presentes, estre otros espacios, en ArteBA, en la Feria de arte PINTA de Nueva York, en la Feria Arcos de Madrid. Su poesía se compiló en una edición de Libros de la talita dorada, 2011, bajo el título “El cazador metafísico. Poesía reunida 1“.

El objetivo de estos textos es poseer importancia testimonial de un período de la poesía platense, más allá de sus valores estéticos. Homenaje. Curaduría, selección de textos: Jmp, del libro grupo generacional LABERINTO POÉTICO. CALDERINI MARTINO PAZOS ROMÁN, Ediciones Tiempo y Poesía, La Plata, 12 de abril de 1965. Si bien sus cuatro integrantes no excluyeron de su laberinto interior la poesía, se acercaron con mayor esfuerzo de espíritu al teatro, a la pintura... Los memoriosos recuerdan las intervenciones callejeras para la presentación de este libro.

Se respetaron los poemas tal cual están en la publicación.

Foto de portada: Jmp. Archivo de la talita dorada.  

En búsqueda del autor: 
Poemas de Luis Pazos en POESÍA LA PLATA.-

Edelfor Martino, Laberinto poético (2/4)



AMOR, TIERRA, SILENCIO

Voy matando los pájaros del tiempo
con los ojos cansados de llevar tu recuerdo
y las sales del mar en su constancia
oxidan el lenguaje de los vientos.
Y el dolor se hace flor en el paisaje
con pretensión de cielo.
En el cosmos de azules humedades
nada más que tu cuerpo
y después del amor
la muerte que espera por las calles del tiempo.
Laxitud de la luz crucificada por los deseos
y el tiempo piedra inútil que apedrea
hasta sangrar y morir a los recuerdos.
Te amaré; en la tarde de las lilas
poseeré a tu cuerpo,
y después la vejez, horrible mueca
te mostrará viejo.
Nada sé de la piedra y de la alondra
y del silencio. Oh ignorante noctámbulo
es el hombre en un vaho de misterio.
Te amaré… mezclaremos los centros
en la noche para hacernos de nuevo
y después miraremos a los árboles
explotará la bomba del estruendo
seguirán las estrellas titilando
todo de igual manera por el tiempo
seremos tan felices como todos
y la lágrima y la risa ignoraremos.
Voltearemos los pájaros del monte
comeremos cerezos y las cabras
serán nuestras hermanas
para olvidar el tiempo.



FILOSOFÍA… DIVAGACIÓN…  MUERTE  

La piedra del silencio
sonrió detrás del pino,
y la torcaz ingenua
su vivir musitó;
la llovizna, la cursi
me señaló el camino
donde quedan los muertos;
más la tarde era triste
como un nocturno negro,
la piedra del silencio
un lugar señaló.  
¿Dónde quedan los muertos?
le pregunté y me dijo
-Solamente se quedan
en la imaginación.
La llovizna caía
con ritmo de Beethoven
y mis pies se mojaban,
y mi alma también.
Le pregunté el camino
de las almas y dijo
-Las almas sólo quedan
en la imaginación.
A qué querer ser alba
ser perfecto, ser luz
a qué querer ser pájaro
que escape del planeta
si de sombra se viste
la última función
y en el último acto
ni el aplauso se escucha
cuando cae el telón.
La piedra del silencio
me miró largamente.
-Qué poca cosa eres-
me dijo y se alejó.
Más al llamarla loco
de secretos y sombra
llegó hasta mis rodillas
y así me murmuró
-Ser luna por ser luna
ser rosa por ser rosa
y pájaro que vuele
y sueño e ilusión.
No esperes el aplauso
que también es mentira
y no te importe el día
en que caiga el telón.
Los muertos, ah los muertos,
no van ni vienen, son
no violes su secreto
hasta entrar en función;
para ser de su secta
necesitas ser muerto
más no un muerto en la vida
un vivo que murió.
Deja a los muertos quietos,
ni trates de morir,
la muerte siempre lleva
lo que quiere vivir…
-Adónde está el camino
de los muertos.
La Piedra del silencio
sonrió… sonrió… sonrió…



Estos textos permiten testimoniar un período de la poesía platense, más allá de sus valores estéticos, por supuesto, siempre subjetivos. Homenaje. Curaduría, selección de textos: Jmp, del libro grupo generacional LABERINTO POÉTICO. CALDERINI MARTINO PAZOS ROMÁN, Ediciones Tiempo y Poesía, La Plata, 12 de abril de 1965. Si bien sus cuatro integrantes no excluyeron de su laberinto interior la poesía, se acercaron con mayor esfuerzo de espíritu al teatro, a la pintura... Los memoriosos recuerdan las intervenciones callejeras para la presentación de este libro.

Edelfor Martino nació en La Plata el 20 de septiembre de 1935. Es el mayor del grupo.

Se respetaron los poemas tal cual están en la publicación.

En búsqueda del autor:

HACE 50 AÑOS: Dijo EL DIA el lunes 28 de abril de 1958: Una obra de tema sagrado ofreció un elenco vocacional. "El Cruxificado" se puso en escena en el Teatro Argentino por el grupo "Los Juglares" que integran, entre otros, Mario Salazar, Miguel Beninatti, Alejandro De Carli, Darío De Simone, Francisco García, Emile Garret, Guillermo Gatti, Jhimmy Granth, Claudia Grimaldi, Juan Carlos Guzmán, Mario Mancuso, Edelfor Martino, Carlos Mendoza, Gloria Mur y Juan Pedro Palacios.

19-05-2010 AGENDA CULTURAL DIARIO EL DÍA: Café literario.- Todos los miércoles de 18 a 20 en la Asociación Alborada, 58 Nº 774, entre 10 y 11. También se realiza un encuentro teatral, a cargo del actor Edelfor Martino.

Foto de portada: Jmp. Archivo de la talita dorada. 

Juan José Calderini, Laberinto poético (1/4)


EL CABALLO QUE RESBALÓ DEL CIELO

Resbaló un caballo del cielo oscuro
miró mis ojos turbios
con sus crines formando avestruces
y sus pasos de nieve duros y suaves
como su cabellera enorme y negra.
Se puso triste al verme incapaz de treparlo
se postró tranquilo a mi lado
e hizo escalera con las manos.  
Mis pies acariciaron su pelo.
Me sentí sobre una ola de crestas azules
y ensillé mi destino.
Se levantó y un grito salvaje
destruyó el silencio
sofocado de tanta espera.
Desaparecí del mundo como una estrella.


EL NIÑO DESVELADO

Los gatos de la madrugada trinan 
Los pájaros durmiendo le cantan en silencio  
Y deteniendo las cualidades de los animales despiertos
Ella se detiene
Ella los mira
Y ríe graciosamente la noche dormitada
Sigue su paso lento y no se detiene
Sigue su paso el pelo
Flotando en el remolino del viento
El velo de su figura es el desvelo
Y el grisáceo de su piel me duerme
Y la oscuridad de sus ojos
Abre mis ojos de miedo
Y en el fondo el blanco
De su mirada me hace soñar
Y yo no me detengo tras ella
Su altura me lleva al olvido sin lucha
Cansado ya tras sus pasos
Me vuelvo erguido
Y en tu lejanía te pierdes


LA GARRA DEL PELO 

Recuerdo que yo era niño
y tú eras mujer, sabes  
Más tarde después de un pedazo
de tiempo mis ojos oían:
Dios es un hombre de barba larga
que lo clavaron contra una cruz los malos
Quisieron despegarme tus polleras
pero crecía tanto tu cabellera
Y me dijiste:
el día que pises mis pelos largos
perecerá el mundo
Corrí de mi cuna grande
tratando de encontrarte
Y mi madre me decía:
Dios está detrás de tuyo
es el que te cuida
Corrí hacia atrás con mis pies descalzos
Y sentí mi cuerpo flotando
y no pude aprisionar tus cabellos
y di vuelta hacia atrás
y nada vi
y nada sintieron mis pies descalzos. 
Quiero exprimir de tus manos el poderío
y cortar tus pelos de raíces.


LA VÍBORA ALADA  

Eres una víbora alada
con tus cuernos de bueyes de espuma
te ahogas en tu regazo cuando estoy rabioso
Mares llenan mis sienes y mis ojos
Flotas como los peces muertos
cuando me reconstruye un sueño
La insistencia de mi ansiedad te viste de blanco
Recobras más fuerzas para destruirme

Mi coraje en lucha apasionada insiste
Ya pasó el tiempo
Progenitor del miedo
El susto constante se apoderó de mi vacío  
La rotación de mi angustia
El espantado vómito de mis ojos
Se desagota mi cabeza y se hace mar en el suelo.


YO LEOPARDO SOÑADOR 

Qué triste se puso el leopardo soñador
Qué triste
Eras pionero del deber
Eras oráculo de la angustia
Y nunca vivías, siempre morías
Oh sobreviviente de tu tiempo
Te trina desde el cielo el aquilón Diosero
Oh cantor poeta de tu enfermedad
Que serpiente con alas eres
Eres el cangrejo que aferró la túnica del destino
en la frente el necrófalo diablo
Quisiste despertar el silencio
Quisiste que germinara un gemido de muerte
en la ciénaga del tormento y de la abulia  
Qué bella tu fase carnívora
Qué colmillos venenosos llegaron a sus ojos
Qué manos de guerrero atormentado tienes
Llevas la aptitud de los insectos
perseguidores de la mugre/
Eres feroz, sensible
Qué calmo te hallas en tu celda de espinas
Acaso cuentas los ruidos que sientes
Campanas de entrañas golpean los diablos
Juegas a las muñecas con el tiempo que enrojece
tu cara de escuerzo asustando golondrinas
Y se deforma como un barrilete de sangre
disparándole a las temporadas
Eres el escuerzo pintoresco que se enamora de las ratas
Y serás discípulo del necrófalo diablo
después de amar a la muerte.


Homenaje. Curaduría, selección de textos: Jmp, del libro grupo generacional LABERINTO POÉTICO. CALDERINI MARTINO PAZOS ROMÁN, Ediciones Tiempo y Poesía, La Plata, 12 de abril de 1965. Si bien sus cuatro integrantes no excluyeron de su laberinto interior la poesía, se acercaron con mayor esfuerzo de espíritu al teatro, a la pintura. Los memoriosos recuerdan las intervenciones callejeras para la presentación de este libro.

Juan José Calderini nació en La Plata el 4 de octubre de 1945. Falleció en agosto de 2012 en Buenos Aires. A la edición de este libro, contaba con 19 años. Se respetaron los poemas tal cual están en la publicación.


Foto de portada: Jmp. Archivo de la talita dorada. 

Juan Octavio Prenz, Rock duro y otros poemas


Prólogo necesario

Con la palabra hay que ser cruel cínico, maltratarla.
No concederle la caricia que te convertirá en su esclavo.

Si la has creado impíamente para que te sirva
¿a qué vienen ahora estas debilidades de eunuco?

En la mano derecha la pluma,
en la izquierda el látigo.

No le dejes levantar cabeza,
porque estarás perdido.


Cuentas claras

Un día más es un día menos.

Es decir,
que cada día es más
y cada día mes menos.

Por ende,
no hay suma que no reste,
no hay resta que no sume.

Queda,
limpio como una aventura,

el día.


1984

Es imprescindible cierta práctica de la medicina.
Treinta y siete hombres y tres mujeres aspiran a verdugo en N. J.
Algunos tienen diplomas universitarios.
Sólo cuatro serán los afortunados.

Actuarán en pareja.
Cada uno aplicará su inyección al condenado a muerte.
Sólo una contendrá la sustancia letal.

Por la noche besan a sus hijos y los cubren
con una manta más porque ya ha comenzado
el invierno.


Cosas en su lugar

El régimen ordenó degollarlo
legal y dignamente
por escribir versos inarmónicos
y alentar contra nuestro modo cristiano
de vida.

Hoy tres estudiosos demuelen sus palabras
descuartizan sus textos diseccionan sílabas
para demostrar la armonía de sus versos
y su modo cristiano de vida.

Vuelven a asesinarlo.
Esta vez

ilegal e indignamente.


Comedia de equívocos

Durante meses ensayan la obra
revolucionaria.

Han elegido una sala de los suburbios.
Ningún obrero debe faltar.
La victoria está cerca
se lee en la pancarta.

La lluvia golpea con fuerza
el fatigado techo de zinc.

Hace dos horas que estamos aquí.
No tiene sentido seguir esperando.

La función se suspende por falta de

público.


Rock duro

En los últimos tiempos decido ocuparme
de la música moderna (todo aprendizaje es difícil).

Asisto a un local nocturno.
En las alturas (no lo distingo bien)
un joven dios manipula extraños aparatos
que producen sonidos enormes.
Abajo
otros jóvenes (¿nuevos ángeles?)
callados se agitan sin cesar.
Algunos tienen crestas azules, verdes, doradas.
Luces de titilantes colores me hacen perder el paso.

Siento la necesidad de pronunciar una palabra.
Cualquiera.

Imposible.
Si lo hago soy hombre muerto.


Vigilia

Es fácil con el largo vino perder la cabeza
y la memoria.

Recuperar con el largo vino la cabeza
y la memoria inexistentes.

Es fácil la ausencia, el arrebato, el olvido.

Y qué no decir de los cuerpos que inventa
el vino o la oscuridad.

Naturalmente,
menos cuerpo y menos invento
que la piel que te espera.

Hay que hacer el amor con los ojos bien abiertos.


Mariposa de noche

La miro girar solitaria y alocada en torno a mi lámpara.
Me distrae y me impide tomar la pluma.

Hoy ha nacido y hoy morirá
ajena a cuanto me sucede.

Soy el único testigo de su vida.

Cada tanto hace una pausa como si quisiera
posarse sobre mis papeles
pero desconfía.
Tengo medios eficaces para abreviar
su única jornada

Nada y todo nos une en esta triste noche mía.

Renuncio a la pluma para contarle
cuanto contaría en el poema.
Pero ella no se distrae y sigue girando,
ajena y alegre,

en esta única noche suya en que estoy solo
y quisiera girar en torno a mi lámpara


Buenas maneras

Parte de nuestra riqueza se nos fue en
medallas recordatorias trofeos alusivos
dádivas ocasionales para vivos y muertos.

Nuestro tiempo no tuvo mejor suerte.
Los minutos de silencio se fueron multiplicando
hasta hacerse años.

La piel se nos ajó de tanta sonrisa o
contracción solemne.
¿Quién sabe cuánto costó el educado gesto
de dolor o alegría?

Poca riqueza poco tiempo poca piel nos fue quedando.

Las lápidas se obstinarán en decir que hemos vivido.


Descubrimiento

Cuenta el Inca que las profecías sobre el arribo del dios blanco
no incluían el asombro.

En otras latitudes, el mismo Colón se había asombrado de encontrar indios buenos, aunque ya figuraban en sus profecías.

Concluido el primer intercambio de asombros,

empezó la lucha.


Apuntes de infancia  

En mi Ensenada natal el aire se ha enrarecido.
Ya no hay libélulas ni mariposas.
Es una venganza, dice el niño que aún me habita

Estamos en tiempos ya lejanos y el campo se colma de mistos, libélulas, mariposas.

Nadie puede ver a dos dedos de sus narices.

El tren de La Plata supera con paciencia centímetro tras centímetro.
Libélulas y mariposas se hacen grasa bajo la rueda de la locomotora, que comienzan a girar en el vacío.


Humillada, la enorme mole de hierro se resigna a aguardar el atardecer cuando la miríada de libélulas y mariposas sobrevivientes

se retiran a reposar.


Canción popular

Es bello ver marchar a los jóvenes, con ese brillo especial
en los ojos y esa audacia de porvenir.

Entonan himnos proféticos, cantos insolentes o, si lo quieres
marchas vegetarianas.

Algunos son futuros héroes, otros futuros santos.

Entre tanta algarabía y cantos, lo más difícil es reconocer a los

verdugos.


Duermes sobre un cuerpo de mujer…

Duermes sobre un cuerpo de mujer.
Es como un lecho infinito, único en el tiempo y en el espacio.
No hay otro debajo.

Sabes con certeza, además, aunque tengas la cabeza un poco trastornada, que no se trata de una levitación.

Sientes como que te sobran los pies.
O no te alcanzan los pies ni la cabeza.

Es (esto sí lo sabes bien) el único lecho del que querrías salir

entero.







Algún precio hay que pagar.




Selección de textos: Jmp. Referencia para cotejar diferentes versiones, los libros: 
“Cortar por lo sano” (antología, Tierra Firme, 1987) y “Antología poética” (FNA, 1996).

Foto: Octavio Prenz y José María Pallaoro, Universidad de Trieste, Italia, mayo de 2013. 
Archivo de la talita dorada.


Juan Octavio Prenz nació en La Plata en 1932. Vivió en Belgrado entre 1962 y 1967. Reside en Trieste, Italia, desde 1975. Ha desarrollado una importante labor como traductor al castellano de la poesía yugoslava. Publicó numerosos trabajos críticos sobre literatura hispanoamericana y la literatura comparada. Entre otros, publicó los libros: Cuentas claras, Apuntes de historia, Habladurías del Nuevo Mundo, Cortar por lo sano, Antología poética, etc. 
“El mundo es un lugar muy extraño,  pero acá estamos…”

Francisco López Merino, En la mañana buscó la noche



TONO MENOR, 1923

Madre: te dedico este libro íntimo

EL ALMA SE ME LLENA DE ESTRELLAS

A Luis Mallol

El alma se me llena de estrellas cuando pienso
que moriré. Imagino espirales de incienso
decorando la caja mortuoria; luego el canto
triste de las campanas.  (Igual que en viernes santo
llorarán las campanas porque yo fui creyente,
porque yo hablé de Cristo melancólicamente.)
Después, ese silencio divino que buscaba
día a día en la vida, pero que no encontraba.
Después, la paz profunda.
          Y al poco tiempo, acaso,
se esfumarán mis ojos en el pálido ocaso
del recuerdo... Y entonces el compañero amado
dirá que fui una llama de luz que se ha apagado.
Y la amiga lejana de mis días adversos
abrirá el cofrecillo lírico de los versos
y volcará las hojas pálidas de las rosas
que yo gusté ofrendarle en las tardes hermosas.
Mientras tanto la muerte no llega...
          Pienso en ella
y en mi alma florece de emoción una estrella.


LA EMOCIÓN DEL SILENCIO

“esta es la hora en que todos los enfermos se agravan”,
Charles Baudelaire. Las flores del mal.

En los largos crepúsculos profundos
poblados de un recóndito silencio,
recuerdo el verso aquel que me emociona:
la hora en que se agravan los enfermos...

Pienso que un alma análoga a la mía
acaso ha penetrado al reino eterno
en esa hora ínfima y doliente
en que se agravan todos los enfermos...

¿Amigo, tú no sientes la tristeza
que desciende en la hora del silencio?
¿No sientes cómo tu alma también gime
cuando se agravan todos los enfermos...?


LÁMPARA

Lámpara: en tu regazo se ampararon
los seres que no están en torno nuestro,
los seres que partieron para siempre
callados y serenos…
Al lado tuyo hilaron cosas suaves
y escucharon las voces del silencio,
las voces inefables que descienden
en las noches de invierno.
Este fulgor que ahora nos envuelve
–fulgor inmaculado como un sueño–
también rozó las frentes pensativas
de los seres queridos que partieron.


DE VIAJE

Un niño, frente a mí, va mirando el paisaje;
sus ojillos descubren las flores campesinas
y como el tren se lanza por valles y colinas
este niño se llena de emoción en el viaje.
Silabea palabras que apenas oigo, asombra
esa mirada suya penetrante y tranquila,
se dijera que ansía que su clara pupila
aprisione los bellos pormenores que nombra…

Los demás, abstraídos, el paisaje olvidamos.
El pensamiento nuestro cesa de hilar, reposa...
Yo me he dicho ante el niño que admira el cielo rosa:
él es el más poeta de los que aquí viajamos.



LAS TARDES, 1927

MIS PRIMAS, LOS DOMINGOS...

Mis primas, los domingos, vienen a cortar rosas
y a pedirme algún libro de versos en francés.
Caminan sobre el césped del jardín, cortan flores,
y se van de la mano de Musset o Samain.

Aman las frases bellas y las mañanas claras.
Una estatua impasible las puede conmover.
Esperan la llegada de las tardes de otoño
porque, tras los cristales, todo de oro se ve...

Y vienen los domingos a cortar rosas… Saben
que el eco de sus voces para mí grato es.
Entre las hojas quedan sus risas armoniosas;
ellas seguramente se ríen sin saber.

Mis primas, cuando llueve, no vienen. Dulcemente
aparto los capullos que el viento hará caer;
hago un ramo con ellos y pongo bajo el ramo
un volumen de versos de Musset o Samain.


LAS NUBES *

Acaso tengan alma pero no tienen voz.
Sueñan en el silencio luminoso del cielo.
Las nubes son las aves fantásticas de Dios
que ante la noche tienden un invisible vuelo.

En los largos crepúsculos se hacen más transparentes:
lienzos de seda tenue frágiles de quebrar.
En la tierra descansan en remansos y fuentes
que del cielo reciben la paz especular.

La sangre de las nubes es fragancia en las rosas
y bondad en el árbol que da tanta dulzura.
Las pupilas se tornan más profundas y hermosas
si contemplan el cuerpo de la nube más pura.

Viven desnudas, como la flor y las estrellas.
Su brújula es la brisa que los espacios hiende.
Suelen llorar lo mismo que frágiles doncellas.
Se nutren del perfume que de la tierra asciende.

* Poema publicado en revista “Biblos”, Azul, año 1, nº 3, junio-julio 1924.


ESTAMPA

Siempre estás como ausente de la tarde. ¿Qué lago
invisible y lejano recogerá tu imagen?
Líquido estremecido por un perfil tan vago
se tornará sensible cuando los astros bajen.

Temo quebrar la magia de tus vírgenes sendas
con la torpe palabra que mi labio pronuncia.
Tendré que ser más leve para que me comprendas,
o tú bajar al mundo como agua que renuncia.

Siempre estás como ausente de la tarde. ¿Qué brisa
se lleva tu silencio cargado de leyendas?
De paisajes soñados se nutre tu sonrisa.
Tendré que ser más leve para que me comprendas.


PRIMERA LLUVIA DE OTOÑO

Cae una lluvia tan fina 
que no parece que llueve... 
Más bien es como el recuerdo 
de otra lluvia, que florece 
en la memoria de todos 
callada y súbitamente. 
Más bien es como el ensueño 
del cielo, que se desteje 
sobre los árboles quietos 
del paisaje transparente. 
Más bien es como una pena 
que desde las nubes vierte 
su mojada melodía 
para que en el mundo sueñen. 
Cae una lluvia tan fina 
que no parece que llueve... 
Seguramente hay enfermos 
que la escuchan tristemente 
como si cayera dentro 
de sus pobres pechos débiles, 
ensombreciendo en crepúsculo 
el paisaje transparente, 
apurando el paso grave, 
misterioso de la muerte. 
Hay, seguramente, madres 
que al oír llover padecen 
y enfermos que entre la lluvia 
ven como crece la muerte... 

Cae una lluvia tan fina 
que no parece que llueve... 


MOMENTO

Florecen las campanas musicales congojas
y en la fuente una nube crepuscular se estanca.
El árbol de la niebla deja caer sus hojas
ungiendo los caminos de una tristeza blanca.



ÚLTIMOS POEMAS

CALLE SOLITARIA

Amo el silencio humilde de esta calle
ennoblecida de árboles serenos
por donde nunca pasó otra alma
que no sea la del viento...

Las nubes se detienen a mirarla
con sus ojos etéreos,
y saben, por la ausencia de las hojas,
si está en ella el otoño o el invierno.

Amo el silencio humilde de esta calle
ennoblecida de árboles serenos
por donde caminé tantos domingos
con mi pequeño huerto de recuerdos...

Cuando yo muera, amigo, habrá quedado
en esta calle lo mejor que tengo:
El rosal escondido de mis penas
y la música vaga de mis sueños...


CARTA EN TERCETOS A JORGE LUIS BORGES

Me acuerdo, amigo Borges, de la tarde en que fuimos
a pasear por el barrio donde vivió Evaristo
Carriego, aquel muchacho “casi genial y tísico”.

Nuestro andar se cansaba por esa calle Honduras
que estaba silenciosa bajo un cielo de lluvia
y tenía los muros húmedos y ninguna
muchacha sonriente. También me impresionaron
las gastadas banderas de la calle Serrano
que flameaban apenas sobre los techos bajos.

Evoco nuestra charla de esa “tarde cualquiera”:
Macedonio Fernández habló con voz de ausencia
y era el recién venido de su novela inédita.

Digo los tangos viejos que duermen en tus discos
y escucho a usted que lee “Mis primas los domingos”:
(Sabe bien que no tengo jardín, pero es lo mismo).

Pienso en su hermana Norah: me regaló una flor
dorada y menudita que le envió Juan Ramón
en una carta clara como un agua con sol.


VERSOS A LA CALLE DE MI NOVIA

Vives en una calle donde siempre es domingo.
Por esa calle única se derrama septiembre
con sus campanas lentas, su aroma de glicinas
y su tristeza casi alegre.

Un ángel invisible limpia la luz del aire:
la luz eternamente fácil que te contiene.
En sus cielos pacíficos una tarde sin nombre
se ha detenido para siempre.

Tal vez por esa calle llegara hasta tu infancia:
seto de lilas, libro de oraciones celestes,
agua de primavera, tu nombre y senda clara
que conduce a una calle donde es domingo siempre.





Selección de textos: Jmp. De “El Universo Poético de Francisco López Merino” (Estudio preliminar, recopilación de la obra completa, bibliografía y notas: María Minellono), Ediciones Al Margen, 2000.-
Francisco López Merino nació el 6 de junio de 1904 en la ciudad de La Plata. Su casa natal está ubicada en calle 48 Nº 880. El 22 de mayo de 1928, en uno de los baños del Jockey Club, se suicidó con un disparo en la cabeza. El arma había pertenecido a su padre. “En la mañana buscó la noche”.


Foto: Panchito López Merino y Jorge Luis Borges en Zoológico de Buenos Aires, 1926.